Entre mi pectoral y mi avispado vértice de otoños

Se resguardan las sombras que fueron emigrando en tus maletas,

Asimilando que los opulentos vaivenes por el aire despoblarían la noche

De todo sonido paralelo, que mesurara la huida entre hojarascas delirantes

Y tableros de mármoles negros como tus ojos, y blancos como tus pasos.

Florece un adjetivo en la ventana,

bajo mis párpados

una memoria cintila una propensión de astro en descenso,

el brillo vanamente se inflama en un recoveco inexperto

de mis palabras caníbales que yacen ensangrentadas y en estado inconsciente,

en no sé dónde, en tu encuentro, en el testimonio de mis plegarias,

en el madreselva de tu intervención verdor alivio llévame contigo

o regresa a terminar la ceremonia en mi habitación,

tu culpabilidad no rima con mi sacrificio,

ni la desolación del plomo sin tus besos.