Yo izé en el reflejo de tus ojos
la constancia congruente del llamado,
ahora desciendo el estandarte de tu boca
en busca de la unidad insigne de tus labios.
Con el trsfondo de un nadir inmerso,
el silencio subleva a mi lamento
con su etérea obstinación oscurecida,
acongojando en la clemencia inadvertida
mi noción de realidad estremecida,
arrastrando en su esquivez sagrada
una esencia más sombría y transistoria
que subordinan a tu célica memoria
mi estancia de amor verbalizado.


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