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La Coctelera

6 Octubre 2009

 

Puede que la noche se desgaje

Aunque la hayan construido con material infinito,

Y guinden de sus brazos sempiternos violines

Que perturben el universo,

Pero no habrá al menos embates de silencio;

Puede que un estornudo reduzca tus alas

A un pestañeo por el aire

Y despeine por tanto al enemigo;

Quiero hacer un reclamo a los hostiles,

Por haber hecho de mi boca

Un coto de patriotismo,

En tiempos de la cuerda floja

Y el capitalismo;

Así se abstraen de la mente

Las cosas que valen la pena

Y pocos profieren,

Porque los conservadores

(Sustantivo y no adjetivo)

Así lo prefieren,

Por tanto, a buscar el arte por el arte,

Y a ensimismarte

Con los pénsiles versos

Que se desploman a la intemperie

En campos beligerantes;

Así se nos aplaste con su hermosura,

La estética de bolsillo de mi poesía,

Y así hayas escuchado mi voz entre los otros:

Tus brazos son pasillos a mi deseo,

Donde se hostiga la indiferencia

Y las reverberaciones de la luna,

Mientras lees el periódico

Con sospechoso erotismo.

27 Agosto 2009

Agradezco los comentarios y las lecturas que pudieron darse a lo largo de la inconsistencia de este blog; doy por completado un ciclo que hace tiempo me invadió, probablemente en un desvarío que atribuyo a la necesidad de un desahogo a corto plazo en breves palabras como la poesía; reanudo el ambicioso proyecto de la narrativa que por tiempo indefinido se ha expresado frente a mis ojos día a día, y que había preferido ignorar con tajante falta de respeto, especialmente al contenido esencial de la vida verdadera, como dijiese Octavio Paz "de la realidad real", cifrada en una ignorancia de las formas posibles que acuden al llamado de la literatura; hoy no revelo entre líneas un desapego al arte de la creación literaria, sino que acuden a mí nuevamente los signos que entretejen una historia, y mientras exista algo que contar existirá narrador, la literatura no cantará en vano; pese a esto me ausento por respeto a una cuenta pendiente con la tinta, que recela y se encela de otra actividad o género que no sea el centro de la atención misma. Procurando no perder más la vida en frases que se me escapan, nos sabremos pronto entre "Paraísos y ataudes". A favor de no extraviarme más:

 

 

El internet, mal usado

(Pedro Ángel Palou)

 

 1. La Internet es una web, una red y un útero. En ella se refugian los mediocres, en él flotan los fetos de los imbéciles.

2. Hay algo de infantil en las identidades de los cibernautas. O al menos de perpetua adolescencia. Pellicer decía: Tengo veintitrés años y creo que el mundo empezó conmigo. Podríamos ampliarlo ahora: tengo entre catorce y treinta y cinco años y creo que el mundo sólo existe dentro de los límites de la red. Y, por supuesto, nació conmigo.

3. Un ¿ser? oculto tras el anonimato de la red puede insultar a alguien con nombre y apellidos que habita en el mundo real. Los insultos, las descalificaciones, el ataque son siempre de lo más vil. Descalifico para existir, al menos virtualmente. El otro, el vituperado, jamás puede devolver el insulto. Si acaso, poner la otra mejilla.

4. El Internet y sus comisarios son la nueva Cosa Nostra. De su totalitarismo y su adhesión ciega al insulto y la diatriba depende que el "Anónimo de las 10:46", por ejemplo, no sea insultado a su vez por discrepar mínimamente de la voz del consenso. Por eso es estúpido participar en un foro: nadie escucha allí los argumentos de los otros. Es una especie de uniforme coro griego en el que la Voz colectiva silencia el pensamiento individual.

5. En el Internet -y no en la prensa, como creían Nieztche y Kart Krauss- es donde ha triunfado de una vez y para siempre el nihilismo rampante. Bienvenidos a su morada digital.

6. Matriz congenital de los retrasados mentales y su religión hecha de consenso. Algunos periodistas de hotel, diplomados en periodismo de cocina utilizan la red como su fuente de ¡información!, y lo allí vomitado pasa a sus páginas de tinta con las que, de cualquier manera, las abuelitas arreglan el piso de las jaulas de sus periquitos australianos. Dicho cristiano: la mierda vuelve siempre a la mierda.

7. Lo que no entienden quienes así actúan es que forman parte de una metaconspiración de la que son, a la vez, sicarios y victimas. A la sombra del fascismo que combaten y, curiosamente, pregonan. Decía Windham Lewis que en un mundo donde los imbéciles son reyes queda un resquicio de esperanza. Al menos

8. ¿Cómo estar vivos en un mundo así, donde los aprendices de periodismo universitario convertidos en jueces morales dictaron ya sus sentencias y sus Fatwas neo-islamistas? Si las palabras han sido prostituidas por esos mismos profesores que les enseñaron a balbucear, si el pensamiento ha sido uniformizado por sus blogs y sus videos en You Tube. El ser se transfigura sólo por la destrucción de las cosas que la literatura puede operar. Un mecanismo explosivo así, la escritura, un arma de destrucción masiva contra la nueva ciudad del sentido común: el Internet.

9. Los situacionistas, con Guy Debord a la cabeza y su Sociedad del Espectáculo, criticaron en los sesentas la vida separada que se había vuelto la vida cotidiana, ¿qué dirían ahora de la vida separadísima que representa la vida virtual de los pobres cibernautas adiestrados por sus maestros del pensamiento uniforme a ya no pensar sino en términos de negro y blanco. ¡Muera la ambigüedad!, les dijeron. Y mataron la literatura en ellos, puesto que la literatura es la tierra del matiz

10. Masa vociferante de pequeños extrotskistas y sus nuevos giñoles, rejuvenecidos por My Space y Facebook. ¡Oh, Diosa fortuna!

11. El Internet es una falsa democracia, la demowikicracia, donde las correcciones y enmiendas son dictadas por el árbitro del mercado.

12. El Internet es una máquina antiliteraria a la que hace falta dinamitar desde adentro. Se necesita una buena cantidad de uranio.

13. Un escritor es en cambio ese no lugar, esa ninguna parte en la que toda libertad se consume.

14. Un escritor porta en él, siempre que sea digno de ese nombre, su parte contraria. Sobre todo si escribe novelas.

15. Lo único que le importa al escritor es tener un lector -aunque sea uno- cuando él ya haya muerto y no estorbe la persona que escribió el libro. Un lector que tiemble de miedo, de ternura, de terror incluso ante las páginas escritas. Uno que sienta la desesperanza y actúe en consecuencia.

16. Esquizocrítica transficcional, línea de fuga, como quería Deleuze, la escritura verdadera. La escritura como recuento de los recuentos de la destrucción. Nada más y nada menos.

17. Un escritor es una voz que da voz a los muertos, preferentemente a sus escritores muertos.

18. Toda teoría de la literatura seria sólo puede ser escrita desde la práctica y desde una teoría del mundo que se va haciendo, progresivamente, o regresivamente según sea el caso, con la obra. La ficción como contra-mundo.

19. Combatir la magia negra del devenir-mundo de la mercancía con la ciencia gnóstica que es la novela.

20. La novela como turbina mental para el escritor y como maquina de guerra contra el mundo. Para el lector como un dispositivo frágil, explosivo: una estratagema de destrucción de lo que, oh paradoja, lo virtual ha convertido en real.

19 Agosto 2009

 

XVIII

Mi insólita presencia se ha imbuido en tus ojos,

Y descubierto vehementes modos en desuso

De fresca vastedad, semejante a mi recuerdo de un piélago

Descolgado de su sangre, que vi brotar de la página negra

del diario nacional, mientras rotaba la vida y su planeta,

 las abejas dejaban un minuto el zumbido

a la par que mi indignación resultaba una década y dos años más,

que la infamia escrutaba en las sílabas de los amparos,

los paredones de las ciudades negras y rojas

contenidas en el azul de una arruga dirigente tan seglar

que sólo cambia de color

 como cambia el stock de la transnacional en un parpadeo,

al perecer el gusto o la innovación al pie del cantil de la modernidad.

 

XIX

Minuto dos, móvil en mano, idea entre luces y una servilleta bucólica

Que he guardado para limpiar la solapa;

Ya chasquean mis dedos pensando en tus piernas,

Y he despedido a la tarde hurgando en la sien de una comida formal,

Mientras invento la excusa para arrinconar mi desenlace en el tormento,

Que me desgrana el corazón

y el alborozo por seguir al día

en tus talantes cualidades,

 ya ahogadas en las apariencias

que le reservo al desprecio,

aunque crea que la luna me despedace al intentarlo,

ya no lo concibo de tal forma, he echado a un lado los huesos rotos,

y sigo pensando que Octubre dos y la Plaza de Mayo aún huelen a sangre,

así como los meses y años que precedieron y aventajaron décadas sucesivas,

que llevan por nombre nuestras heridas abiertas,

y aunque me duelan, sigo amándote, ya no sé si por dolor propio,

o por el quejido del hermano o del tío que se nos muere.

 

XX

Debo dejar en claro que el rastro del mediodía

Es imperfecto como tú, pero variante en hermosura,

A veces lluvioso pero acechada por una canción echada al vacío,

Que me hace recurrir al frío viciante de un luto irascible,

Mal asido de un dedo nupcial que creí mío;

A veces soleado, y despejado que me acalora

De una idea para nada hambrienta de arropo;

A veces nublado, tanto que vuelven coplas nocturnas a mí,

Y las canto a lo ancho de la arquitectura del día

Mientras invento tus pasos y trazo un camino sin meandros,

que he decidido convidar al pie de un coctel,

 aunque la distancia nos sobrevenga como disparo

y nos ofrende el tiempo una desgracia mayor al amarnos,

pues con ello he de abordar una condición insoportable.

12 Agosto 2009

 

Antes de entrar a la escena del lobby, paseamos de la terraza al ascensor con pécora inusitada y nos besamos a escondidas de tu madre, aunque tu padre, con un gesto ciego y ensimismado ignoró nuestro paradero durante apenas dos horas y tropezó con nosotros en el restaurant, tiempo después de que hicimos el amor en el mirador cardinal que desconocí entonces,  y que asomaba al cañón con íntegra excelsitud. El acto dos, simular que te besé con decencia una mejilla rosada y acaricié por mucho tu cintura, a lo más tu espalda baja, a lo más tus muslos, a lo más no puedo mentirle a tu sudor en mi pecho; ahora reservamos la complicidad en nuestro mutis.

12 Agosto 2009

 

En tanto pudo escupirme el rostro en aquella  elegante estación de autobuses expresos, pudo demostrarme también la inferioridad de mis inspiraciones más cotidianas, como el rústico cantar del pueblo más inmediato en cercanía, contemplando la someridad  de su flora, tan  asequible a la imaginación común, que aludía a un paisaje por demás patético y sin gracia en artificio que daba pena compararlo con la perspectiva que reproduce el reverso de aquella caja de fósforos tan clásicos, que yo habría guardado en mi saco esta misma mañana, si hubiese querido encender un cigarro en su boca, que a la vez diría también es mía, ignorando la vigencia de la ley antitabaco en aborrecibles sitios cerrados, aunque  echase de menos la necesidad de un seno en los labios o un calor corpóreo entre los dedos, o un giro tóxico como mi llamado de ayuda en una fumarola indigesta, que ventilara una pausa de autocompasión a través de la descarga que dispararían sus ojos en la blandura más vulnerable de mí; cómo duele una espera o un silencio transitorio cuando te aferras a la imagen de una valija esquinada, destinada a utilizarse en un viaje planeado con minuciosa anticipación que se atreve a asegurar que volverá incólume el amor preservado en criogenia dado a este abrazo y a esa comarca vegetal que nos alimentó en su mesa. ¿Ahora por qué retirarse con premura cuando no me has asegurado que quieres irte? Irás y no volverás.

19 Junio 2009

 

XII

Era tarde cuando advine de la mesa de tus labios y merecí tus brazos,

Cuando sentí la confesión de mis incisivas cruces de lasca

Brotando del lacrimal fulastre, que empañaba mi orgullo con taimada melancolía,

además, porque dormí en las zancadas de un tiempo anormal,

Que  tiritaba de luto en mis manos renegridas de nerviosismo,

Por aquella caída profunda, en el embeleso de nuestro mimético paroxismo.

XIV

No entiendes lo que digo porque no deseo un alfiler lumbar o un silencio furtivo,

Que predique en el extravío de mi prudencia,  una modestia tan rústica como mis arrebatos;

Fracasé en la hora marcada entre las lecciones desmedidas de frenesí y júbilo,

Cuando urgía con premeditación, palabra alguna que devolviera la precisión a mis actos,

Porque un todo abrasivo se come mi lengua, mientras gastas la costumbre en adivinar

Toda culpa semejante al futuro, que te hace detener a mitad de mi paso

Para palpar mi corazón y preguntar qué tan yermo amaneció mi pecho.

 

XV

Para palpar mi corazón y preguntar qué tan yermo amaneció mi pecho.

Porque la falta cometida por la mano

que esconderá mi prohibición entremezclada con apaciguamiento,

me dará la pauta indispensable para taimarme o decidirme

a producir devoción a granel con la asombrosa rapidez que vos conoces;

extenuado no importaría, que en un tópico inane como la calle

se originara el vacuo peligro de la notable espera.

XVI

Me he puesto en pie, ha levantado su estandarte cotidiano el sol,

El heraldo trae consigo cosmopolitas catástrofes en una lengua común,

Habría dado lo mismo amarte en otra época y salir vencido,

En un estrambótico entendimiento de turbaciones y sonidos de búsqueda,

Diluidos a contratiempo a causa de la ciega materia con que se hicieron mis obsesiones.

XVII

A soñar el agua

como se sueñan los avasallados en la furia de un ataúd,

A proferir altisonantes desahogos

en el espasmo del ceño de tu amabilidad rocosa,

que frunce cada vez más la soga pendiente del vértigo condueño

de mi falta de aliento, símil al plañir de mi cuello o de mis venas

armonizadas al movimiento antes del alud definitorio que esparza

la respiración o el perecer de nuestros espejos.

24 Marzo 2009

 V

Últimamente he entrenado para conocer nuevas personas

y alejarme más, tan sigilosamente en cuenta regresiva;

Tenías razón, a veces las personas se enamoran apenas en una fracción de hora,

 y se desencantan cinco minutos después.

 

VI

PRIMAVEVERA MAR PUERTO, MENTIRA,  Y LO SABES,

TODO COMENZÓ AQUÍ, Y SE PROLONGÓ,

OTOÑO METRÓPOLI PARQUE, FALSEDAD, Y LO SÉ,

TODO TERMINÓ ALLÁ, Y TAN POCO NOS DURÓ,

INVIERNO CAMPO EUTIMIA, CIERTO, Y LO PERDIMOS.

 

VII

Y tal vez no seas tú la mujer de mi vida,

Pero conservo la esperanza del autoengaño.

 

VII

Esta conversación no revelará  nada,

pero algo de particular deberá tener cualquier encuentro.

 

VIII

Me preguntas de nuevo qué de específico debemos hablar...

Y pienso que no terminaríamos hoy,

Porque mi fantasía resolvería intentar hablarlo toda la noche,

 y amanecer afónico de ti durante tres días.

 

IX

Es incongruente todo esto,

los dos vivimos sintiendo cosas mutuamente,

pero tenemos resueltas nuestras vidas de tal manera

que estamos separados por algo más que distanciamiento.

 

X

Principia el día donde se encienden mis deseos de verte.

 

XI

Acaba la jornada en el límite de mi impaciencia por saberte cerca.

 

XII

Apaga mis ojos y calla mi silencio con tu respiración tranquila,

Que tengo insomnio esta mañana,

y me han abandonado a mi suerte los sueños diurnos.

23 Marzo 2009

 

No descolló del todo el lauráceo sigilo de mi cortejo,

Ni recordaste dos semanas después, que un ramo legítimo de soles

Encomendó este yerro de caracolas en mi memoria,

Porque no lo supiste, porque todos los transeúntes alados somos transparentes

Y a la vez taciturnos, a causa de la fascinación  que nos provoca el silencio

Al malentender una sonrisa, una mirada,

un poco menos clara que la tersura del ámbar;

amitaf del nicho, amitaf del mediodía, a punto de ser espectador

de mi misma conciencia desatada, en el tópico incorrecto del suceso,

  • - ¿Te invito al villorrio de la Luna buena y a la holgura de su superficie desenvainada?

Que al cabo de los días vendrán a ti y a mí,

aritméticos madrigales que perdurarán tiempo breve, mientras lo valga todo

el calarse de humus o perpetuar el aroma mercante en una melena castaña,

con un fin distinto, pero con una ignorancia en particular,

que nada teme al dolor, ni al placer, mientras todo sea como el bermellón de tus mejillas

bajo la luz vainilla de una rada creciente, frente a las ceibas y los jonotes,

tras las palmeras y los fractales,

en medio del gemir de las estrellas encalladas sobre los naranjos.

Sobre Un laberinto sin luz, ni vino tinto

Fernando Pygmalión, pseudónimo tomado por el mexicano Rafael Salas Espinoza, autor de múltiples poemas y narraciones que retoman las estructuras clásicas y vanguardistas de la literatura. Discípulo del monólogo interior del Ulises de James Joyce y explorador del irrecuperable e inacabable tiempo perdido de Marcel Proust. Asiduo lector de poetas como el chileno Neftalí Eliecer Ricardo Reyes Basoalto, los alemanes René Kart Wilhem Johann Marie y Johann Christian Friedrich Hölderlin, así como del suizo Hermann Karl Hesse. Comparte el gusto de leer secretamente a Pedro Ángel Palou García y busca salidas en el laberinto de la soledad, o tal vez busca soledad en el caótico laberinto a través de Octavio Paz. Fernandito ha tenido el gusto de leer al contemporáneo Juan Villoro, amigo de José Agustín que muestra una literatura fresca y de la onda. Otro escritor al que atiende Pygmalión es Carlos Fuentes, reconocido escritor de obras como Aura, La región más transparente, Familias felices, La voluntad y la fortuna, etc. Actualmente cursa la Licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; combina sus estudios y las letras con circuitos eléctricos automotrices; proyecta la idea de convertir en novela el indefinido número de historias que ha estructurado en sueños y digresiones cotidianas. Su narrativa aspira a una prosa poética, que muestra un lenguaje rebuscado y composiciones complejas. IBSN: Internet Blog Serial Number 12-10-87-2009