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Terra
La Coctelera

8 Marzo 2012

No es difícil comparar una ciudad de matices con bóvedas y cales vivas, a la par de un metálico palpitar, exaltado en su propio centro que se yergue y se retuerce en un juego de luces nocturnas, que coronan las conjeturas difuminadas de los santuarios en un rumor emblemático al pie de la catedral, mientras la mirada de Diótima señala una luna que multiplicará los minutos aciagos que habrán de prosperar tierra adentro, nunca al exterior de ese rosetón iluminado que confundí con maravillas apresando nuestro tiempo.


Diótima vino desde la capital esa misma tarde, me bullían tantas emociones y jamás pude demostrarle la realidad de mis mensajes fuera de línea, carecían de extremos, de tal forma que, sin retroceder, se podía llegar al mismo punto de la urbe donde habíamos dejado suspendida tanta desilusión. Nuestra zona de confort fue siempre concurrida cada dos meses a lo sumo; un año me hizo concluir que ella prefería la médula de adoquines y grises abstractos de las galerías ofrecidas en este valle, e irse perfumada con café y luces de velas que en su momento nunca concretaban la incitación para logar dar nota a la posteridad, la infidelidad. Pero de improviso se levantaron todas las estrellas a través de una suave cortina de humo, y de en uno en uno fui detallando mis recuerdos, nuevamente en mi memoria nos sentamos y le conté el relato que exalta el umbral del nido más precario que conocía; los manteles fueron retirados junto con las copas que contenían capuchino, en su lugar se postraron envases fríos de cerveza y un vaso michelado que vibraba con la acústica del recinto; todas las canciones resonaban potentemente con nuestros coros a la cuarta ronda y ni de soslayo me atreví a mirar el reloj,( ya es muy noche, por tanto ambos nos negamos a la suposición de apresurar el trance, darle vuelo a la noche aunque sus consecuencias fueran ominosas). Nos leímos resquemores inusitados, aunque en sus facciones guardaba un sentimiento de cansancio tuvo la suficiente energía para cambiar la polaridad negativa de nuestras dudas; sacó de su bolso un periódico universitario, sus ojos parecían hablar con un brillo que floreció en lágrimas, -es tuyo, tómalo, te lo regalo, me he conducido a creer que necesitabas oírme-. Se trataba de un poema dedicado al décimo mes del año y la estación que puebla de ocres hojas los lugares comunes en los que se cita el espíritu de los enamorados. Esa noche dormiríamos juntos por primera vez, mi inexperiencia nos hospedaría en el único hotel disponible a tan solo tres calles de la plaza principal, donde abundan cabinas públicas de teléfonos, y ninguno nos comunicaría por miedo al exterior, mucho menos deslizaríamos el pulgar para contestar llamadas entrantes en nuestros móviles mientras nos desplazábamos por esta historia, pero existía algo que la señalaba: "Yo no quiero nacer de tu desvelo, ni quiero disponer de tu memoria para nombrar y soltar por la ventana las remembranzas, más quisiera encontrar quien me contara las suyas, que yo narrara las nuestras. Muy dentro del principio, en el placer de lo incorrecto una casa se despoja de su fantasma predilecto a las cinco de la tarde. El fantasma atraviesa rígidos paredones de tela, nada vale despedirse de la madre que yace oxidada en la alcoba contigua, se sabe que los meses retienen precipitaciones en el corazón humano, y por ahora se ha pactado coexistir entre pasillos que prefieren ignorar los conflictos entre la vida y la muerte, nada más que azor desde las escaleras, un tono de voz que se sabe pródigo en los murmullos que arden al fondo".

23 Agosto 2011

Entre mi pectoral y mi avispado vértice de otoños

Se resguardan las sombras que fueron emigrando en tus maletas,

Asimilando que los opulentos vaivenes por el aire despoblarían la noche

De todo sonido paralelo, que mesurara la huida entre hojarascas delirantes

Y tableros de mármoles negros como tus ojos, y blancos como tus pasos.

Florece un adjetivo en la ventana,

bajo mis párpados

una memoria cintila una propensión de astro en descenso,

el brillo vanamente se inflama en un recoveco inexperto

de mis palabras caníbales que yacen ensangrentadas y en estado inconsciente,

en no sé dónde, en tu encuentro, en el testimonio de mis plegarias,

en el madreselva de tu intervención verdor alivio llévame contigo

o regresa a terminar la ceremonia en mi habitación,

tu culpabilidad no rima con mi sacrificio,

ni la desolación del plomo sin tus besos.

10 Abril 2011

cuánto dura, apenas un ascua, mientras piensas, que eres demasiado cuerpo para un féretro,

y decides que eres menos prosaico que la estrella distante que te disipa entre eros y venus,

para convocar a baco, aquella deidad primaveral que decidió que el humus de tu ser sería un cigarro,

transpirando del meollo de un recuerdo fatuo, recluido de un recuerdo.

¿entre osadía y melosidad, contemplas una playlist y sabes que sócrates y tú,

 y el tiempo que te tocó palpar, no saben nada?

la vida te conjuró, y no eres salvo de nada, excepto del tiempo que dura una canción de relleno,

haciendo equilibrio en los hoyuelos de sus mejillas,

deja de soñar, que el retrovisor en la autopista se configuró para contemplar su cintura,

mas no son rayos equis y jamás sabrás de ella cómo funcionan sus neuronas.

 

23 Septiembre 2010

Has caído de la copiosa osadía que dejó el hervor sobre la mesa,

y tus aromas vaporizan el trascendente mantel que rozó tu piel de porcelana,

bajo un cielo indómito de maderas rústicas contemplas

un pétalo separado de su flor y eres aurora daltónica que espera

un calor corporeo, transido de caricias azules

que recuerden un diáfano rescoldo de las tardes;

mira que la oscuridad penetró por la ventana

y ahora una vela acompaña a mi sombra por el pasillo

¿será que ahogaré mis sentidos en tus ansías ya enfriadas?

sorbo de sus labios, estoy en fuga, bebo de tu cáliz,

la escucho a ella, enluta transparente su rostro,

qué lejos estamos de la vendimia,

en el pasado de su vértigo habría vaciado ese silencio

ante mi alma yerta, sólo para atesorar su sangre diluida,

mientras la tuya enegrece en el rodal 

de la resurrección entre amargura.

El día me supo a infinito y a café, me dijo,

yo sólo pude balbucear inexorable,

ya ungidos mis ojos me dedicaré a morir,

auque el fragor de una botella de vino

reviente como presentimiento verde a lo lejos

y sólo sepa embriagarme tu súbito reflejo.

 

 

4 Septiembre 2010

Yo izé en el reflejo de tus ojos

la constancia congruente del llamado,

ahora desciendo el estandarte de tu boca

en busca de la unidad insigne de tus labios.

 

Con el trsfondo de un nadir inmerso,

el silencio subleva a mi lamento

con su etérea obstinación oscurecida,

acongojando en la clemencia inadvertida

mi noción de realidad estremecida,

arrastrando en su esquivez sagrada

una esencia más sombría y transistoria

que subordinan a tu célica memoria

mi estancia de amor verbalizado.

27 Mayo 2010

A ellas,a ti y a vos, especialmente tuiteras

De antaño recoge mi excitación una vida antigua,

Acumulada sobre la convulsa algara, que es tu cuerpo,

Tres veces repartido en lunas

y quinientas veces convertido en polvo;

sobre tu cuerpo he de llorar un día

para congregar mis huesos

y cintilar ese furor que guardan tus pechos,

Amenazantes riscos,

que guardan la ambrosía piramidal

de una luz erguida en un ascua,

donde la patria imposible pacta sus revoluciones,

la temeridad y el silencio,

asidero crepuscular donde llegan tus dígitos

con exigua clemencia;

(ya rezo adiós  para depurar tus pasos)

Y en Dios azota  esa blandura del origen,

Porque fueron de tus manos,

Herederas del despojo.

6 Octubre 2009

 

Puede que la noche se desgaje

Aunque la hayan construido con material infinito,

Y guinden de sus brazos sempiternos violines

Que perturben el universo,

Pero no habrá al menos embates de silencio;

Puede que un estornudo reduzca tus alas

A un pestañeo por el aire

Y despeine por tanto al enemigo;

Quiero hacer un reclamo a los hostiles,

Por haber hecho de mi boca

Un coto de patriotismo,

En tiempos de la cuerda floja

Y el capitalismo;

Así se abstraen de la mente

Las cosas que valen la pena

Y pocos profieren,

Porque los conservadores

(Sustantivo y no adjetivo)

Así lo prefieren,

Por tanto, a buscar el arte por el arte,

Y a ensimismarte

Con los pénsiles versos

Que se desploman a la intemperie

En campos beligerantes;

Así se nos aplaste con su hermosura,

La estética de bolsillo de mi poesía,

Y así hayas escuchado mi voz entre los otros:

Tus brazos son pasillos a mi deseo,

Donde se hostiga la indiferencia

Y las reverberaciones de la luna,

Mientras lees el periódico

Con sospechoso erotismo.

19 Agosto 2009

 

XVIII

Mi insólita presencia se ha imbuido en tus ojos,

Y descubierto vehementes modos en desuso

De fresca vastedad, semejante a mi recuerdo de un piélago

Descolgado de su sangre, que vi brotar de la página negra

del diario nacional, mientras rotaba la vida y su planeta,

 las abejas dejaban un minuto el zumbido

a la par que mi indignación resultaba una década y dos años más,

que la infamia escrutaba en las sílabas de los amparos,

los paredones de las ciudades negras y rojas

contenidas en el azul de una arruga dirigente tan seglar

que sólo cambia de color

 como cambia el stock de la transnacional en un parpadeo,

al perecer el gusto o la innovación al pie del cantil de la modernidad.

 

XIX

Minuto dos, móvil en mano, idea entre luces y una servilleta bucólica

Que he guardado para limpiar la solapa;

Ya chasquean mis dedos pensando en tus piernas,

Y he despedido a la tarde hurgando en la sien de una comida formal,

Mientras invento la excusa para arrinconar mi desenlace en el tormento,

Que me desgrana el corazón

y el alborozo por seguir al día

en tus talantes cualidades,

 ya ahogadas en las apariencias

que le reservo al desprecio,

aunque crea que la luna me despedace al intentarlo,

ya no lo concibo de tal forma, he echado a un lado los huesos rotos,

y sigo pensando que Octubre dos y la Plaza de Mayo aún huelen a sangre,

así como los meses y años que precedieron y aventajaron décadas sucesivas,

que llevan por nombre nuestras heridas abiertas,

y aunque me duelan, sigo amándote, ya no sé si por dolor propio,

o por el quejido del hermano o del tío que se nos muere.

 

XX

Debo dejar en claro que el rastro del mediodía

Es imperfecto como tú, pero variante en hermosura,

A veces lluvioso pero acechada por una canción echada al vacío,

Que me hace recurrir al frío viciante de un luto irascible,

Mal asido de un dedo nupcial que creí mío;

A veces soleado, y despejado que me acalora

De una idea para nada hambrienta de arropo;

A veces nublado, tanto que vuelven coplas nocturnas a mí,

Y las canto a lo ancho de la arquitectura del día

Mientras invento tus pasos y trazo un camino sin meandros,

que he decidido convidar al pie de un coctel,

 aunque la distancia nos sobrevenga como disparo

y nos ofrende el tiempo una desgracia mayor al amarnos,

pues con ello he de abordar una condición insoportable.

Sobre Un laberinto sin luz, ni vino tinto

Fernando Pygmalión. Discípulo del monólogo interior del Ulises de James Joyce y explorador del irrecuperable e inacabable tiempo perdido de Marcel Proust. Asiduo lector de poetas como el chileno Neftalí Eliecer Ricardo Reyes Basoalto, los alemanes René Kart Wilhem Johann Marie y Johann Christian Friedrich Hölderlin, así como del suizo Hermann Karl Hesse. IBSN: Internet Blog Serial Number 12-10-87-2009