XVIII
Mi insólita presencia se ha imbuido en tus ojos,
Y descubierto vehementes modos en desuso
De fresca vastedad, semejante a mi recuerdo de un piélago
Descolgado de su sangre, que vi brotar de la página negra
del diario nacional, mientras rotaba la vida y su planeta,
las abejas dejaban un minuto el zumbido
a la par que mi indignación resultaba una década y dos años más,
que la infamia escrutaba en las sílabas de los amparos,
los paredones de las ciudades negras y rojas
contenidas en el azul de una arruga dirigente tan seglar
que sólo cambia de color
como cambia el stock de la transnacional en un parpadeo,
al perecer el gusto o la innovación al pie del cantil de la modernidad.
XIX
Minuto dos, móvil en mano, idea entre luces y una servilleta bucólica
Que he guardado para limpiar la solapa;
Ya chasquean mis dedos pensando en tus piernas,
Y he despedido a la tarde hurgando en la sien de una comida formal,
Mientras invento la excusa para arrinconar mi desenlace en el tormento,
Que me desgrana el corazón
y el alborozo por seguir al día
en tus talantes cualidades,
ya ahogadas en las apariencias
que le reservo al desprecio,
aunque crea que la luna me despedace al intentarlo,
ya no lo concibo de tal forma, he echado a un lado los huesos rotos,
y sigo pensando que Octubre dos y la Plaza de Mayo aún huelen a sangre,
así como los meses y años que precedieron y aventajaron décadas sucesivas,
que llevan por nombre nuestras heridas abiertas,
y aunque me duelan, sigo amándote, ya no sé si por dolor propio,
o por el quejido del hermano o del tío que se nos muere.
XX
Debo dejar en claro que el rastro del mediodía
Es imperfecto como tú, pero variante en hermosura,
A veces lluvioso pero acechada por una canción echada al vacío,
Que me hace recurrir al frío viciante de un luto irascible,
Mal asido de un dedo nupcial que creí mío;
A veces soleado, y despejado que me acalora
De una idea para nada hambrienta de arropo;
A veces nublado, tanto que vuelven coplas nocturnas a mí,
Y las canto a lo ancho de la arquitectura del día
Mientras invento tus pasos y trazo un camino sin meandros,
que he decidido convidar al pie de un coctel,
aunque la distancia nos sobrevenga como disparo
y nos ofrende el tiempo una desgracia mayor al amarnos,
pues con ello he de abordar una condición insoportable.